Entrás a la habitación y vas directo a pegarle. Una piña. En la frente. Que duela, pero que no mate.
Si quisieras matar le hundirías la nariz hasta el cerebro, como ya hiciste antes.
Pero no. Querés que sufra. Un rato, al menos.
Nadie te hace eso. Ni a ella. Ni va a hacerlo de nuevo.
Así que generás sufrimiento.
Quebrale los dedos. Hundile los tuyos en los ojos. Clavá tus rodillas en sus riñones. Que duela. Que sufra. Y que se repita. Que se repita.
La sangre no basta. Necesitás los gritos. Sólo por eso no le cortás la lengua.
Se caga. Mierda de persona. Genera más mierda. Que se coma la suya, y nunca más alguien volverá a probarla. Está escrito.
Entonces, se come su mierda. Lo ayudás a hacerlo. Mierda de persona.
Tuviste suficientes gritos? No, un poco más. Golpearle los oídos ayuda. Como mera casualidad, esto impide que se escuche a sí mismo. Y puede seguir gritando.
Se acaban los gritos, empieza la sangre. La lengua sangra mucho. Lengua muerta. Los ojos también. La garganta. Garganta. Corte profundo.
Ya no tiene sentido seguir cortando. Nada late. Nada impulsa.
Y, así, te pintás de sangre, el eco de sus gritos retumbando en ese hueco que dejó tu alma. Sólo para que no vuelva a hacerlo. Esa fue tu entrada.
Las alocadas aventuras de alguien llamado Gabriel, cuya principal característica es aborrecer los diminutivos.
7 sept 2005
1 ago 2005
Tirabuzónido
El Tirabuzónido no pide explicaciones. Ni las da. Pero se compromete a cumplir con el acuerdo. Ese que nunca firmó, el cual especifica la modificación de cinco colores del espectro. Esta modificación permitirá que los respectivos olores (de los respectivos colores) sean contundentes y se enrosquen.
La especialidad del Tirabuzónido es enroscar cosas y desconcertar a los Parlantoideos. Pero no sabe nada de contundencia. Para eso están los Dandabrieles.
El acuerdo tácito es que el Tirabuzónido espera, mientras el Dandabriel genera contundencia. Terminada la contundencia, el Tirabuzónido comienza a enroscar. Uno, dos, tres, cuatro vueltas. Ya está.
Según el contrato, el proceso durará más o menos quince floreceres. Pero el Tirabuzónido suele terminar antes.
La especialidad del Tirabuzónido es enroscar cosas y desconcertar a los Parlantoideos. Pero no sabe nada de contundencia. Para eso están los Dandabrieles.
El acuerdo tácito es que el Tirabuzónido espera, mientras el Dandabriel genera contundencia. Terminada la contundencia, el Tirabuzónido comienza a enroscar. Uno, dos, tres, cuatro vueltas. Ya está.
Según el contrato, el proceso durará más o menos quince floreceres. Pero el Tirabuzónido suele terminar antes.
17 jul 2005
Noé
Esto no es una frutilla, es una piscina llena de Playstations repitiendo el partido de Alemania - Argentina del mundial del 3928, cuando ganamos Verde a Nubes para hoy no, creo que va a estar malogrado.
10 jul 2005
Mi vida en el campo
Saqué el agua del tanque y resultó que no era agua, sino lagartijas. "Bué.", dije, "Otro día de esos.".
Me cambié el abrigo, porque estaba nevando, y seguí extrañando a mi vaca. Extrañar a mi vaca era la tarea que me había encomendado Tatadió un domingo 27 de abril de 1935 a las nueve de la mañana. Yo no había nacido. Pero me acordaba.
Extraño 35 minutos, de 10 a 10:35 AM. Lo hago profesionalmente, sin dudas, cavilaciones o andrajosidades.
Después de eso, a veces miro el río, como para acordarme de algo cuando ya no pueda salir.
Ordeñar las gallinas es otra cosa. Mayormente salen huevos, pero a veces logro leche. Creo que las gallinas tienen su opinión al respecto, pero nunca he podido entender más que un "Cló cló", algún que otro "Caaaa" y el "Vamo River todavía" ocasional.
Es más que nada una cuestión fonética, porque de chico tuve oportunidad de aprender el idioma. Pero la profesora era una gallina cordobesa. Y es sabido que allí el acento es diferente. Y el acento dificulta las cosas. Las cosas del entendimiento.
Para zanjar el problema: puchero. De gallina. Grasoso y abundante.
He sabido de gente que soluciona sus problemas de otra manera. Pero acá: puchero. Como los hombres. Alimentados a puchero. De gallina. Hombres. Hombres de gallina. Puchero pertrecho gallina. Pacheco. El loco Pacheco no ataja más.
Coincidió el fin del ordeñe con el principio del mediodía. El almuerzo. Almuerzo sin ideologías, porque así evito indigestiones. Tolero el garbanzo mejor que el hinojo. Desayuno alcahucil. Imprime su sello.
Pero me fui de tema.
El alazán, bayo como ninguno, estaba rengo. Mordido por una víbora, de atrás, como muerden las víboras, tuve que hacerle un tajo, chupar la sangre y escupirla, por rica que fuera.
Al trabajo tuvo que ir, como siempre. Por lo general no aramos como el resto. Eso de arar verticales, u horizontales, es cosa del pasado. Cosa trillada, juzgada, mal vista.
Yo aro ta-te-tíes. Entre los dos hacemos el tablero. Después yo dibujo un círculo, él una cruz. Círculo, cruz, círculo, cruz, círculo... raya. A veces. Por lo general empatamos. Pero si alguno gana: raya. El que gana se queda descansando. Toma mate, desvía la vista (ver a un perdedor relaja el estómago) y lee alguna cosita. Tengo una bonita colección de boletos de tren para leer.
Están ordenados. Pero es más divertido tirarlos, que el azar haga lo suyo, y volver a ordenarlos. Así pierdo la tarde cuando gano. Pierdo/gano.
El que pierde siembra.
Sembrar no sembramos mucho. O sea, para qué? A veces tomate, para despuntar el vicio. Pero lo divertido es arar. Tatetismo compulsivo.
Pero en grande. Si no, no vale la pena. En un cuaderno juega cualquiera. Y mi caballo es todo un contrincante. De los grandes.
Cuando sembramos tomate, una buena parte se la comen las hormigas. Adictas a la ensalada. De tomate.
A falta de mejores métodos, extermino la invasión con una doce recortada heredada de mi papá.
Lo que no se comen las hormigas es eliminado por los perdigones. Perdigones hambrientos de tomates. Y de hormigas.
He aquí por qué no vale la pena sembrar. Por eso y por el tatetismo. Compulsivo.
Cierta parte de la perdigonada ha decidido quedarse a vivir en el campo. Mi campo.
Como es sabido, para sobrevivir como perdigón es menester reproducirse rápidamente. Eso deja una impronta: falta de lugar.
Y mi terreno, como la mayoría de los terrenos, es finito. Es decir, finiquita, tiene un fin.
Los perdigones se reproducen cual conejos. Tremenda infección.
El único medio del cual dispongo para eliminar cualquier invasión es la doce recortada, lo cual es igual a más perdigones. Si no, prueben.
Los que no se deciden a reproducirse se van a vivir a las ciudades, para vivir cómodamente, con trabajos de oficina para perdigón. Pum.
A la nochecita me entra el sueño. Entra por una puertita que tengo en los ojos. Antes de cerrar la puertita cierra la persiana, que son los párpados.
Si hago tiempo, me llego hasta la cama. Si no, me duermo por ahí, en el patio. Todo depende de dónde haya estado antes. Si no, a la cama. Dormir.
Me cambié el abrigo, porque estaba nevando, y seguí extrañando a mi vaca. Extrañar a mi vaca era la tarea que me había encomendado Tatadió un domingo 27 de abril de 1935 a las nueve de la mañana. Yo no había nacido. Pero me acordaba.
Extraño 35 minutos, de 10 a 10:35 AM. Lo hago profesionalmente, sin dudas, cavilaciones o andrajosidades.
Después de eso, a veces miro el río, como para acordarme de algo cuando ya no pueda salir.
Ordeñar las gallinas es otra cosa. Mayormente salen huevos, pero a veces logro leche. Creo que las gallinas tienen su opinión al respecto, pero nunca he podido entender más que un "Cló cló", algún que otro "Caaaa" y el "Vamo River todavía" ocasional.
Es más que nada una cuestión fonética, porque de chico tuve oportunidad de aprender el idioma. Pero la profesora era una gallina cordobesa. Y es sabido que allí el acento es diferente. Y el acento dificulta las cosas. Las cosas del entendimiento.
Para zanjar el problema: puchero. De gallina. Grasoso y abundante.
He sabido de gente que soluciona sus problemas de otra manera. Pero acá: puchero. Como los hombres. Alimentados a puchero. De gallina. Hombres. Hombres de gallina. Puchero pertrecho gallina. Pacheco. El loco Pacheco no ataja más.
Coincidió el fin del ordeñe con el principio del mediodía. El almuerzo. Almuerzo sin ideologías, porque así evito indigestiones. Tolero el garbanzo mejor que el hinojo. Desayuno alcahucil. Imprime su sello.
Pero me fui de tema.
El alazán, bayo como ninguno, estaba rengo. Mordido por una víbora, de atrás, como muerden las víboras, tuve que hacerle un tajo, chupar la sangre y escupirla, por rica que fuera.
Al trabajo tuvo que ir, como siempre. Por lo general no aramos como el resto. Eso de arar verticales, u horizontales, es cosa del pasado. Cosa trillada, juzgada, mal vista.
Yo aro ta-te-tíes. Entre los dos hacemos el tablero. Después yo dibujo un círculo, él una cruz. Círculo, cruz, círculo, cruz, círculo... raya. A veces. Por lo general empatamos. Pero si alguno gana: raya. El que gana se queda descansando. Toma mate, desvía la vista (ver a un perdedor relaja el estómago) y lee alguna cosita. Tengo una bonita colección de boletos de tren para leer.
Están ordenados. Pero es más divertido tirarlos, que el azar haga lo suyo, y volver a ordenarlos. Así pierdo la tarde cuando gano. Pierdo/gano.
El que pierde siembra.
Sembrar no sembramos mucho. O sea, para qué? A veces tomate, para despuntar el vicio. Pero lo divertido es arar. Tatetismo compulsivo.
Pero en grande. Si no, no vale la pena. En un cuaderno juega cualquiera. Y mi caballo es todo un contrincante. De los grandes.
Cuando sembramos tomate, una buena parte se la comen las hormigas. Adictas a la ensalada. De tomate.
A falta de mejores métodos, extermino la invasión con una doce recortada heredada de mi papá.
Lo que no se comen las hormigas es eliminado por los perdigones. Perdigones hambrientos de tomates. Y de hormigas.
He aquí por qué no vale la pena sembrar. Por eso y por el tatetismo. Compulsivo.
Cierta parte de la perdigonada ha decidido quedarse a vivir en el campo. Mi campo.
Como es sabido, para sobrevivir como perdigón es menester reproducirse rápidamente. Eso deja una impronta: falta de lugar.
Y mi terreno, como la mayoría de los terrenos, es finito. Es decir, finiquita, tiene un fin.
Los perdigones se reproducen cual conejos. Tremenda infección.
El único medio del cual dispongo para eliminar cualquier invasión es la doce recortada, lo cual es igual a más perdigones. Si no, prueben.
Los que no se deciden a reproducirse se van a vivir a las ciudades, para vivir cómodamente, con trabajos de oficina para perdigón. Pum.
A la nochecita me entra el sueño. Entra por una puertita que tengo en los ojos. Antes de cerrar la puertita cierra la persiana, que son los párpados.
Si hago tiempo, me llego hasta la cama. Si no, me duermo por ahí, en el patio. Todo depende de dónde haya estado antes. Si no, a la cama. Dormir.
19 jun 2005
31 may 2005
Ignífugo
Ensalada Guaymallén cosmética; tarada, no lo viste?; seguí que no llegamos; alelado estradivarius; conejo, Tarantini for me; los dientes no consiguieron escapar, lo siento; monitor, plumero; foto; mordete la lengua y repetí lo que dijiste; mm?; el despertador es el enemigo, hoy le declaro la guerra; el bobero está de paro; parlante ciclomotor funcionando a media máquina; error de ortografía disfuncional; matemática ligera; mecánica avanzada; estoy harto de esta nave espacial.
30 may 2005
Aladelta
Tirarme en aladelta desde lo más alto de un texto para terminar azotado contra el punto final ha sido lo más emocionante en los últimos, digamos, 25 segundos.
19 may 2005
Telón
Se trataba de este teatro donde los espectadores se amontonaban en el escenario mientras los actores se sentaban cómodamente en las butacas.
El público, aburrido y algo acongojado por el abucheo creciente de los actores, comenzaba a actuar, algo inseguro, obras nunca actuadas.
Los actores, mientras tanto, espectaban. Algunos, compenetrados en su rol, dormían, babeando sobre el hombro más próximo. Otros observaban, atentos a los momentos únicos que transcurrían delante de sus ojos.
Finalizada la obra, y de acuerdo a los resultados obtenidos, el espectáculo tenía su merecido, traducido a veces en el vaciamiento y traslado aéreo del contenido de cajones de frutas y verduras o, en otras ocasiones, el caluroso azotar de la palma de una mano contra la de la otra.
Bajado el telón, todo continuaba transitando el camino ya decidido de antemano por quién sabe qué voluntades amantes de lo normal.
El público, aburrido y algo acongojado por el abucheo creciente de los actores, comenzaba a actuar, algo inseguro, obras nunca actuadas.
Los actores, mientras tanto, espectaban. Algunos, compenetrados en su rol, dormían, babeando sobre el hombro más próximo. Otros observaban, atentos a los momentos únicos que transcurrían delante de sus ojos.
Finalizada la obra, y de acuerdo a los resultados obtenidos, el espectáculo tenía su merecido, traducido a veces en el vaciamiento y traslado aéreo del contenido de cajones de frutas y verduras o, en otras ocasiones, el caluroso azotar de la palma de una mano contra la de la otra.
Bajado el telón, todo continuaba transitando el camino ya decidido de antemano por quién sabe qué voluntades amantes de lo normal.
15 may 2005
Mútuplos
Té de Garibaldi; corcho azulado; maraca uniforme (cosiforme) cosida al pecho; indispensable su comunión; intrínseco, compensado; un kilo de salame al por mayor; "Gastaré 2$", me dijo; conseguí vivir trayendo un alambre; moño no es cadena; uniforme militar; tránsito marcapasos; fotocopia de gastar; dos centavos; 2 sentados; la mano; LA MANO; y Roque dónde está?; Salí de ahí, che!; gracias; aquelarre mariposal; tu camafeo me invita a donde no quiero ir; no voy más; pasaba por aquí; y la GESTAPO me busca;
12 may 2005
Mrocs
Consumidor precario de antimonólogos; preso de un redil en Antioquía; insulso embustero; Bravo!; ya te pregunté la hora?; ignominioso sanguche de calzoncillos; prohombre en búsqueda permanente; yo le digo no a la moda; bufarreta descamisado; concluíste la oración sin gastar un mango!
30 abr 2005
Musicalmente incorrecto
Margarita toca el trombón. Pero no lo hace muy bien. Más que nada porque en él guarda sus alpargatas, un indio tehuelche, dos pares de mocasines y una mesita de luz.
Cuando termina de sacar todo de ahí adentro es muy tarde como para empezar a practicar... y aún falta volver a guardarlo todo.
Ya probó con un piano, pero se enredaban las patas de la mesita de luz en las cuerdas.
Cuando intentó con la flauta dulce el indio se le quejaba porque el viento le daba frío. Alisio era el viento, como en la Patagonia.
Con la armónica se le mojaban los mocasines y, al precio que están, no se los puede arruinar así como así.
Mientras resuelve sus problemas habitacionales Margarita piensa en lo feliz que era cuando sólo tocaba el violín...
Cuando termina de sacar todo de ahí adentro es muy tarde como para empezar a practicar... y aún falta volver a guardarlo todo.
Ya probó con un piano, pero se enredaban las patas de la mesita de luz en las cuerdas.
Cuando intentó con la flauta dulce el indio se le quejaba porque el viento le daba frío. Alisio era el viento, como en la Patagonia.
Con la armónica se le mojaban los mocasines y, al precio que están, no se los puede arruinar así como así.
Mientras resuelve sus problemas habitacionales Margarita piensa en lo feliz que era cuando sólo tocaba el violín...
19 abr 2005
Incipiente vacilación
¡Cachemira, o lo que queda de ella, concluye de aquí a 5cm! ¡No pase del otro lado! Y mucho menos con esa fruta...
1/4
Este cuarto es de lo más cómodo. Con vista exclusiva a una puerta que da hacia el lado de afuera. No se puede pedir más.
Estoy convencido de que en otra vida hubiera elegido el mismo cuarto.
El problema con la perspectiva es que hace las cosas más pequeñas, tirando para el lado del punto de fuga, así, como quien no quiere la cosa. Ahora, qué cosa, y por qué no la quiere, no sé. Allá él, es su decisión.
Siguiendo con lo del termo, para mí con agua fría, porque a mi me gusta tibia, y como el aparato está roto, por más que la calientes se va a enfriar lo suficiente como para entibiarse.
¡Que por qué no tibia directamente me pregunta! Ja! ¿Y para qué quiero un termo, entonces? Para eso tomo de la canilla. Y no queda bien. Los hombres no lloran y no toman de la canilla, decía mi abuelo.
En realidad no era mi abuelo, era un tipo que me daba chupetines en la calle cada vez que me cruzaba. Dos veces lo vi. Simpático él. Aunque un poco sucio, creo recordar.
No sé dónde vivía en esa época, creo que en Liniers. Pero como no tenía un buen cuarto, olvidé todo lo más rápido posible. Se puede vivir sin una afeitada, sin amor o sin un enema de Charly García, pero no sin un cuarto. Cuarto o habitación. También pieza. Todo depende de la clase social. Pero nunca un cuartucho, no. Eso es para los otros, los que se conforman con poco.
Existen muchos cuartos: "cuarto trasero" (que puede significar dos cosas, según la zona), cuarto poder (de una canción de Carneviva lo saqué a ese), etc. Pero ninguno es como mi cuarto, amarillo y bonachón, con olor a fotocopias.
De cualquier manera, y por más que intente cambiar lo sucedido, cuarto siempre significa que no te dejen subir al podio.
Estoy convencido de que en otra vida hubiera elegido el mismo cuarto.
El problema con la perspectiva es que hace las cosas más pequeñas, tirando para el lado del punto de fuga, así, como quien no quiere la cosa. Ahora, qué cosa, y por qué no la quiere, no sé. Allá él, es su decisión.
Siguiendo con lo del termo, para mí con agua fría, porque a mi me gusta tibia, y como el aparato está roto, por más que la calientes se va a enfriar lo suficiente como para entibiarse.
¡Que por qué no tibia directamente me pregunta! Ja! ¿Y para qué quiero un termo, entonces? Para eso tomo de la canilla. Y no queda bien. Los hombres no lloran y no toman de la canilla, decía mi abuelo.
En realidad no era mi abuelo, era un tipo que me daba chupetines en la calle cada vez que me cruzaba. Dos veces lo vi. Simpático él. Aunque un poco sucio, creo recordar.
No sé dónde vivía en esa época, creo que en Liniers. Pero como no tenía un buen cuarto, olvidé todo lo más rápido posible. Se puede vivir sin una afeitada, sin amor o sin un enema de Charly García, pero no sin un cuarto. Cuarto o habitación. También pieza. Todo depende de la clase social. Pero nunca un cuartucho, no. Eso es para los otros, los que se conforman con poco.
Existen muchos cuartos: "cuarto trasero" (que puede significar dos cosas, según la zona), cuarto poder (de una canción de Carneviva lo saqué a ese), etc. Pero ninguno es como mi cuarto, amarillo y bonachón, con olor a fotocopias.
De cualquier manera, y por más que intente cambiar lo sucedido, cuarto siempre significa que no te dejen subir al podio.
18 abr 2005
Biología
La mitocondria, como siempre, más inclinada para la izquierda que hacia el dulce de membrillo, dijo enfurecida: "¡¿Me das un chocolate o no?!".
Raúl, todavía algo díscolo, estiró la mano ofreciendo la golosina.
En ningún momento advirtieron que se trataba de un laxante.
Ocurrió, pues, la más exhuberante, divertida, abundante y colorida diarrea que mitocondria alguna haya tenido el placer de expeler.
Al no ser este hecho publicado en ninguno de los grandes libros de biología, cuyos tomos versan sobre temas menos creíbles para nuestros cultivados oídos, este triunvirato decide escindir el lacre de todo secreto y hacer conocida esta historia.
Raúl, todavía algo díscolo, estiró la mano ofreciendo la golosina.
En ningún momento advirtieron que se trataba de un laxante.
Ocurrió, pues, la más exhuberante, divertida, abundante y colorida diarrea que mitocondria alguna haya tenido el placer de expeler.
Al no ser este hecho publicado en ninguno de los grandes libros de biología, cuyos tomos versan sobre temas menos creíbles para nuestros cultivados oídos, este triunvirato decide escindir el lacre de todo secreto y hacer conocida esta historia.
16 abr 2005
Dígame
Yo: Yo creo que se trataba de la señora Irma Roy. Aunque, tal vez, ya no respiraba. ¿Qué decís?
Él: No, era Norman Brisky disfrazado.
Yo: Lo sospeché desde un prepucio.
Él: No, era Norman Brisky disfrazado.
Yo: Lo sospeché desde un prepucio.
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