Las alocadas aventuras de alguien llamado Gabriel, cuya principal característica es aborrecer los diminutivos.
31 jul 2006
30 jul 2006
24 jul 2006
22 jul 2006
21 jun 2006
5 jun 2006
Biblia
Como para no hacer la cama, eran dos negritas. Un botón anaranjado indicaba la presencia del Killer Muto, analgado presidente de la barra brava del club de almaceneros. Quiso el queso quizás.
Cantaba con una voz gutural, aunque por ahí se aflautaba y extrañaba algunas precisiones. Nunca se equivocaba.
Era como una música de pestilencia, con moscas magulladas que comían la carne, la vomitaban, la comían, la cagaban, la comían, la incorporaban y se comían a ellas mismas. Y un ratón azul filmaba y contraía matrimonio con una hemorroide hermafrodita.
Nunca había viajado tan lejos ni había llegado a donde quería ir. Y nunca estaba donde quería estar. Ahora que lo había logrado no sabía que hacer. Así que contrató al Candente Danzarín del Cuchillo y murió una muerte violenta.
Antes había conseguido que la droga del Empelucado Malevolente le sugiera algunas ideas: Nunca apretarlateclaqueseparalaspalabras; convertir la anorexia en virtud; masticar gigantes para hacer harina de panes de cristal; involuntariar las tetas de una doncella, para eyacular violentamente, nunca evitando los espasmos que produce el vidrio en los conductos sanguinolientos; beber de a tres puntos, enrollado en intestinos de maní impávido; hablar con las chicas desnudas de cada esquina, producía temas de alta razón y ambivalencia cultural, nada que añorase.
Una vez se había metido un pato en el culo, por lo que el pato terminó lleno de mierda. Ese fue el famoso nacimiento del pato que ponía huevos de chocolate. Se hizo rico y luego murió.
La historia de la humanidad comienza así.
Cantaba con una voz gutural, aunque por ahí se aflautaba y extrañaba algunas precisiones. Nunca se equivocaba.
Era como una música de pestilencia, con moscas magulladas que comían la carne, la vomitaban, la comían, la cagaban, la comían, la incorporaban y se comían a ellas mismas. Y un ratón azul filmaba y contraía matrimonio con una hemorroide hermafrodita.
Nunca había viajado tan lejos ni había llegado a donde quería ir. Y nunca estaba donde quería estar. Ahora que lo había logrado no sabía que hacer. Así que contrató al Candente Danzarín del Cuchillo y murió una muerte violenta.
Antes había conseguido que la droga del Empelucado Malevolente le sugiera algunas ideas: Nunca apretarlateclaqueseparalaspalabras; convertir la anorexia en virtud; masticar gigantes para hacer harina de panes de cristal; involuntariar las tetas de una doncella, para eyacular violentamente, nunca evitando los espasmos que produce el vidrio en los conductos sanguinolientos; beber de a tres puntos, enrollado en intestinos de maní impávido; hablar con las chicas desnudas de cada esquina, producía temas de alta razón y ambivalencia cultural, nada que añorase.
Una vez se había metido un pato en el culo, por lo que el pato terminó lleno de mierda. Ese fue el famoso nacimiento del pato que ponía huevos de chocolate. Se hizo rico y luego murió.
La historia de la humanidad comienza así.
1 jun 2006
Discutiendo
Cuando vemos que se nos viene una discusión encima, de repente empezamos a bailar tap, como en un musical, así de la nada.
Después contratamos un teatro para nosotros dos y uno hace un discurso desde el escenario, mientras el otro mira sentado desde abajo, cómodo en una butaca. Luego cambiamos de lugar.
Cuando terminamos, pintamos cuatro o cinco paredes con colores diversos. Las paredes tienen que estar en mal estado, si no no vale la pena restaurarlas.
A veces sacamos un papelito de un sombrero y elegimos un estilo para hacer una canción. Uno hace la música y el otro la letra.
Qué sé yo, así vale la pena discutir.
Después contratamos un teatro para nosotros dos y uno hace un discurso desde el escenario, mientras el otro mira sentado desde abajo, cómodo en una butaca. Luego cambiamos de lugar.
Cuando terminamos, pintamos cuatro o cinco paredes con colores diversos. Las paredes tienen que estar en mal estado, si no no vale la pena restaurarlas.
A veces sacamos un papelito de un sombrero y elegimos un estilo para hacer una canción. Uno hace la música y el otro la letra.
Qué sé yo, así vale la pena discutir.
30 may 2006
Anodoncia
En el fondo del puto infierno y las tres aceitunas. Carozos carozan la carroza y la independencia independientemente de la indoamericanidad azora el mar de los azores azarosos al azar.
Tres veces siete ánima bendita me gatillo en vos. De cual estabamos hablando si los Hanson se separaron.
Un charco de botellas neosapientes desglosa una gallina para sacarle los tubérculos de la morosidad naciente. Cantan la canción de Kandinsky y se preguntan si era ruso o polaco y qué tanto lío puede hacer una persona por un punto y una línea. Almohadones sin nariz buscan otras maneras de no ser plumeros porque la sociedad es la culpable de toda avaricia cachonda. La Chacha era la mamá de Patoruzito primero y de Patoruzú después (después hablamos de si eso iba con zeta o no).
Cabalgabamos anoréxicas tres por rudimento porque se les quebraban los huesos después de un rato.
Si hubiera formas más maracas de alimentar un tambor coseríamos fuelles de ningún timbal.
Calorificamos la anodoncia del atlético souvenir coqueto tríptico de almanaque secular.
Infibularon la triangulación y comimos un poco de barro para conseguir que la sapiencia del magnífico alto verde atribuya otro palo del lado de la canilla.
Tres veces siete ánima bendita me gatillo en vos. De cual estabamos hablando si los Hanson se separaron.
Un charco de botellas neosapientes desglosa una gallina para sacarle los tubérculos de la morosidad naciente. Cantan la canción de Kandinsky y se preguntan si era ruso o polaco y qué tanto lío puede hacer una persona por un punto y una línea. Almohadones sin nariz buscan otras maneras de no ser plumeros porque la sociedad es la culpable de toda avaricia cachonda. La Chacha era la mamá de Patoruzito primero y de Patoruzú después (después hablamos de si eso iba con zeta o no).
Cabalgabamos anoréxicas tres por rudimento porque se les quebraban los huesos después de un rato.
Si hubiera formas más maracas de alimentar un tambor coseríamos fuelles de ningún timbal.
Calorificamos la anodoncia del atlético souvenir coqueto tríptico de almanaque secular.
Infibularon la triangulación y comimos un poco de barro para conseguir que la sapiencia del magnífico alto verde atribuya otro palo del lado de la canilla.
17 may 2006
Deacáca
Eh, sí, subite a la camionetita y decile que no eran tres, si no cuatro. Que deje de hinchar las pelotas con que compremos el pan. Si quiere pan que se lo compre ella.
Y encima cada vez que está cansada viene a joder con algo nuevo. Que se busque alguien a quien le interese.
Ni por asomo va a dejar de llover. Como si un gato sin ovillo pusiera la cola abajo de la silla hamaca. Así, como para ver qué pasa.
Y después, dejá un espacio en blanco. Un botón anaranjado. Y el pulóver que nunca te tejí.
Si será puta la vida que deja que la joda cualquiera. Vida jodida.
El un mundo, creo, es un lugar hermoso. Pero ser tan idiota no ayuda a darse cuenta.
Y encima cada vez que está cansada viene a joder con algo nuevo. Que se busque alguien a quien le interese.
Ni por asomo va a dejar de llover. Como si un gato sin ovillo pusiera la cola abajo de la silla hamaca. Así, como para ver qué pasa.
Y después, dejá un espacio en blanco. Un botón anaranjado. Y el pulóver que nunca te tejí.
Si será puta la vida que deja que la joda cualquiera. Vida jodida.
El un mundo, creo, es un lugar hermoso. Pero ser tan idiota no ayuda a darse cuenta.
1 may 2006
Cuenta agresiva
Dijimos "tres" y saltamos.
Veía cómo se iban descomponiendo a medida que caíamos. Y ellos veían cómo yo lo hacía. Fue una caída de años, en la que fuimos pudriendonos a lo largo del camino.
A veces encontrabamos hormigas que también habían caído, y se comían nuestra piel, los órganos, las entrañas que se desprendían de nuestros cuerpos. No teníamos nada que hacer, más que caer, y nos golpeabamos, o mordíamos nuestras manos. A veces escupíamos los pedazos. A veces los comíamos.
En muchas ocasiones chocábamos con nuestros propios excrementos. Por alguna razón caían más lento que nosotros.
Cuantos más años pasaban, más lenta era la caída. Y más angosto el conducto. Ibamos dejando nuestras partes arrancadas por las paredes filosas. Era lo único que sentíamos. Era lo que más odiabamos. Y lo que más queríamos.
Al final, luego de muchos años, sólo caían nuestras almas. Se azotaron contra el suelo sin hacer ningún ruido.
Los gusanos, sin inmutarse, se regocijaron.
Veía cómo se iban descomponiendo a medida que caíamos. Y ellos veían cómo yo lo hacía. Fue una caída de años, en la que fuimos pudriendonos a lo largo del camino.
A veces encontrabamos hormigas que también habían caído, y se comían nuestra piel, los órganos, las entrañas que se desprendían de nuestros cuerpos. No teníamos nada que hacer, más que caer, y nos golpeabamos, o mordíamos nuestras manos. A veces escupíamos los pedazos. A veces los comíamos.
En muchas ocasiones chocábamos con nuestros propios excrementos. Por alguna razón caían más lento que nosotros.
Cuantos más años pasaban, más lenta era la caída. Y más angosto el conducto. Ibamos dejando nuestras partes arrancadas por las paredes filosas. Era lo único que sentíamos. Era lo que más odiabamos. Y lo que más queríamos.
Al final, luego de muchos años, sólo caían nuestras almas. Se azotaron contra el suelo sin hacer ningún ruido.
Los gusanos, sin inmutarse, se regocijaron.
18 abr 2006
12 abr 2006
31 mar 2006
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