13 feb. 2006

Ego

Enojado, me respondió: Es verdad... la única razón por la que no me chupo la verga es porque no llego.

Nunca más nos vimos.

1 feb. 2006

Ojo de gorila

Descomunal invitación a bailar la que envíamos. Llamamos al presidente y le dijimos que traiga una carretilla para cada una, porque, si no, no iba a poder llevarlas.

Vino como a las tres y se puso a trabajar.

En el baile tuvimos algunos problemas, como el gorila que comió de más, con la consecuente explosión de su estómago. Extrañamente, no encontramos ni una banana. Tres libros infantiles, un anillo, un CD de jazz, veintitrés kilos de manzanas y dos revólveres. Pero ni una banana.

Al otro día fui a caminar por la ladera de la montaña. Cinco dragones me pidieron la hora. Y eso es raro, porque los dragones suelen tener reloj. Dos me guiñaron el ojo.

A la mitad de la caminata recordé que había olvidado cerrar el paso del aire en mi casa. Un desastre, podría escaparse todo el aire y luego no tendría nada para respirar. Pensé en estar en mi casa y cerrar el paso del aire con mi mano derecha. Eso, habitualmente, solucionaba este tipo de percance.

Seguí caminando y encontré un ojo del gorila que había explotado la noche anterior. Estaba hablando con una hormiga sobre los beneficios de la libre elección en los países subdesarrollados. Los dejé con su charla. Pensé que sería bueno acosar a alguna pobre desprevenida por teléfono. Debería ser linda y conocida, eso sí.

Lo hice al otro día, esa noche tenía un partido de ajedrez con el rey de Alemania. Luego de 72 litros de cerveza, decidimos dejarlo en un empate. La verdad es que, entre la vomitada, no podíamos ver las piezas.

Cuando me llevaron a la cárcel, por arrancarle los intestinos a aquella estrella tan famosa que se negaba a entregarme sus gritos, simplemente hice lo que hago siempre. Pensé: "Qué haría Iorio en este momento?". E hice exactamente lo contrario.

Es extraño, ya no añoro más los acordeones en los burdeles. Otra vez será, es momento de terminar.