26 oct. 2005

Hipnósis

Le dijo "Camine como perro.", y él sólo se puso en cuatro patas y comenzó a dar vueltas por el estrecho recinto, mientras ladraba con énfasis e intentaba mover el rabo que, de hecho, no tenía.

Entonces ordenó "Ahora como gusano.", y de él salieron infinidad de patas que movía correctamente, como si no le costara, como si siempre hubiera sido ese insecto que ahora trepaba por las paredes silenciosamente. A pesar de la gran cantidad de extremidades su andar era muy lento, por lo que apenas pudo caminar un corto trecho antes de recibir una nueva orden: "Usted es un mono.", y al instante se tomó de la lámpara del techo con la cola y comenzó a balancearse desenfrenadamente y a gritar asustado, ya que no se encontraba en la selva, el lugar al que pertenecía. Recordaba las copas de los árboles, dónde habitualmente residía, y sentía cierta añoranza por los tiempos pasados. Deseaba volver a alimentarse de raíces e insectos, pero en ese momento escuchó: "Ahora es un pez.", y cayó al suelo y empezó a sentir la asfixia por estar fuera del agua; saltaba de un lado a otro, golpeándose, intentando llegar a la orilla, al agua, al único lugar donde podría respirar, su única salvación.

"Desde este momento es lo que siempre deseó ser, Vd.", exclamó la voz, cansada del juego.
Entonces ocurrió algo inesperado: él se encontró en un ataúd, días después de su muerte, ya que nadie lo recordaba y fue encontrado por error, o más bien por casualidad, al revolver entre los desechos, para luego anunciar su deceso a quien le interesara (nadie) y dejarlo en un féretro para ser comido por los gusanos, todo esto porque había vuelto a ser olvidado y nadie se ocupó de enterrarlo. Pero eso no le importaba, porque ya estaba muerto.

Finalizado el juego se escuchó la orden "Despierte.", y volvió a su fría realidad, a pesar de sus lamentos.

Descripción del cuarto

La mesa está ahí. Claro. ¿A dónde se va a ir? Los gusanos le comen las patas y no se pude mover.
La madera se pudre de a poco, sufre. Los poros se agrandan y cae la madera en forma de aserrín.
Recuerda la savia que alguna vez pasó por ella. Son tiempos pasados. El dolor que provocó el hacha no se olvida.

"Intentemos comer el engrudo." ,dijo la madre. Tomaron sus cucharas y comieron. Un día, barro. Otro, aserrín. Más tarde, engrudo. Así es la vida de los ricos.

El Reloj Ruso marcaba rápidamente las horas. Por cada segundo que adelantaba, atrasaba otro. Lentamente, sus días pasaban. Como los de cualquiera.

Como la puerta no tenía cerradura, entraba todo tipo de gente. Robaban o rompían. Nadie hacía nada, porque estaban comiendo. No les importaba.

Cuando la música sonaba demasiado fuerte dejaban de comer. Pero esto no era muy frecuente. Pasaba a cada segundo.

Las paredes estaban inclinadas y los cuadros colgaban extrañamente. En realidad era muy raro y era algo completamente normal.

Los cubiertos estaban debajo de lo que los cubría. Por algo lo eran. Pero es una verdad que esto a nadie le importa.

Por la ventana entró el viento. Trajo fuertes noticias. Derribaron la pared y se lo dijeron a todo el mundo. Vivieron como todos. Como nadie.

Ahora le toca al pájaro. Llenaba todo de excremento. Era su trabajo, y a todos les gustaba. Por eso querían matarlo. El excremento servía para las comidas. Y la comida hacía falta.
El hacha colgada de la pared hacía juego con la espada a su lado. Varias veces había caído cuando los niños jugaban, cortando sus partes. Claro que ellos seguían jugando.

Las sillas no existían. Lo habían hecho. Pero ya no. No eran necesarias. La alfombra era buena.
"Limpien la alfombra.", dijo el padre. No tenía color. Desapareció bajo la comida. Era un cubierto más.

La luz era negra, porque la tapaban los cuadros. No importaba. Ellos comían igual.
"Me pica.", decía el hijo. El hijo. Los piojos corrían por su cabeza y él se rascaba. No le alcanzaban las manos, pero sí los dedos, falanges largas, artríticas. Ya era viejo y se rascaba. Intentó sacárselo, pero no pudo.

"Rascate.", decía su madre. Ni miraba a su hijo. Le preocupaban más sus enemigos. Intentaban violarla a cada segundo. Miraban por la cerradura, estaban bajo su cama, en su ropero. Claro, no odiaba a su hijo. Todos los días comía con ella. Por amor.

"Cállense de una vez.", dijo el padre. Sentado en las sillas que no había hasta hace un momento, miraba el televisor. Con él tapaba el volumen de la música. Los piojos del hijo eran suyos. El café ya no aceptaba más ideas para cambiar el mundo. Entonces, ya no lo intentaba. Lo único que importaba era algo. Y él no lo sabía. Y yo no lo sé.

Humanos

Los humanos roban cajitas del río que se encuentra en el fondo del mal llamado «Precipicio Infinito» Obviamente digo «mal llamado» porque, si tiene un fondo, no es infinito. Por lo menos hacia abajo.

Viven cerca de allí, unos pocos kilómetros hacia el Sur, al pie de las montañas. De tanto en tanto van hacia donde se encuentran las cajitas y las roban. Si las roban es porque tienen dueño, y esos dueños son quienes ellos llaman «Pájaros». Estos, por alguna razón, desaparecen en las noches, por lo que a esa hora las cajitas son robadas.

Aún así, no es fácil robarlas, puesto que ciertos pájaros deformes cuidan del lugar. Un zarpazo de una de estas bestias podría dejar tremendamente herido a cualquier humano, por lo que hubo que descubrir alguna manera de deshacerse de ellos. Este descubrimiento estaba lejos del alcance intelectual de los humanos, por lo que tuvieron que recurrir a cierta raza enemiga de los pájaros, los «Indemnes», quiénes habitan la parte superior del Precipicio Infinito, el que, evidentemente, tampoco es infinito hacia arriba. Es sabido que los indemnes no socializan con otras razas, (rara vez lo hacen entre ellos mismos) por lo que hubo que espiarlos para saber de qué manera ahuyentaban a los pájaros. El método era de los más sencillo, encendían cosas a la manera de antorchas y las agitaban por sobre sus cabezas, logrando que los pájaros se alejen.
Los humanos copiaron el método exitosamente, por lo que, en adelante, el robo de las cajitas no representó prácticamente ningún problema.

Ahora, ¿Para qué necesitan los humanos las cajitas?. Es conocida la limitada capacidad intelectual de estos individuos, por lo que no son habituales inventos o descubrimientos entre ellos. Por lo tanto, recurren al trueque. Trocan con otras razas intelectualmente más desarrolladas, como los «Diatribos», gente especializada en el uso del cerebro y que constantemente necesita materiales, entre ellos las cajitas, para desarrollar sus invenciones, las cuales a su vez intercambian con quienes les proveen estos materiales.

Azarosamente y muy de cuando en cuando nace entre los humanos un artista. Así como su nacimiento, su arte también es azaroso. No busca nada, pero aún así siempre resulta algo. No se propone hacerlo, pero de todas maneras lo hace. Todo lo que hace es inútil, y sigue haciendo.
No hay manera de que los otros lo comprendan, aunque tampoco es eso lo que él busca. En realidad no busca nada, pero encuentra a cada momento. Crea en espacios etéreos, nada que pueda ser guardado, nada perenne, nada durable. Y, sin embargo, es él quien permanece más de lo que realmente quiere.

Realmente, los artistas no sirven para nada entre los humanos, por lo que son sistemáticamente asesinados. Por suerte para los humanos (y para sus conciencias) los artistas no aparecen casi nunca.

El método es simple, aún para los humanos. Se ata al artista, se lo lleva hasta el río que cruza el fondo del Precipicio Infinito y se lo arroja. Entonces unos pocos, tal vez parientes del artista no del todo convencidos de su culpabilidad (o inocencia), observan como la corriente lo arrastra violentamente y lo lleva a desaparecer en lo que tal vez sea lo único infinito en este precipicio.

Mitres

Los mitres nacen siempre en días de frío. Nacen de huevos a los que no es necesario incubar, los cuales son marrones, cúbicos y de una dureza increíble. Éstos, a su vez, serán la vivienda de cada mitre a lo largo de toda su vida.

En general, todos los mitres pueden volar, pero hay excepciones. Los que no pueden, toda su vida serán los encargados de cuidar las casas mientras los demás no están.

Entre estos seres no hay autoridades, ni organización o lenguaje, o algún rasgo que pueda distinguirlos unos de otros. Lo único que los resalta es su igualdad, así como lo único que los hace ser una comunidad es permanecer juntos.

No hay odio, amor o resentimientos entre ellos. Como tampoco lo hay hacia otros. Tal vez (tal vez) lo único que mueve a los mitres es el instinto. Un instinto que les dice que hay que dormir mientras haya sol y volar cuando haya estrellas. Así que, cuando es de noche, vuelan siguiendo las paredes rocosas del mundo que los rodea y es así como llegan a otro mundo, sin paredes y más extenso. En ese mundo viven los ombus, una raza completamente extraña para los mitres. Esa extrañeza les produce curiosidad, por lo que se acercan revoloteando hasta sus casas, sólo para observar. En realidad nadie sabe por qué los ombus atraen a los mitres, pero es una atracción irrefrenable. Lo que sí se sabe es que a los ombus les aterrorizan los mitres, y salen a espantarlos con lo que pueden. Probablemente también sea instinto lo que les provoca este horror hacia los mitres, porque no tienen idea de qué son, o qué intenciones tienen, así como nadie lo sabe.

La verdad es que los mitres prestan poca atención a los intentos por espantarlos, pero aún así se alejan, por lo que nunca van mucho más allá de lo que es su mundo, ese precipicio del que sólo salen por las noches y al que vuelven apenas despunta el alba.

Ombus

Un ombu lleva una vida tranquila. Nunca se aleja demasiado de su casa, un pequeño cilindro de madera que él mismo construye o hereda de generaciones anteriores. Es, además, poco frecuente que estos cilindros estén muy alejados unos de otros.

No puede decirse que sean una raza extremadamente sociable, pero es verdad que se necesitan entre ellos. Realizan ciertas actividades comunitarias, como alejar a los mitres, o buscar comida en los árboles, o hasta, en ocasiones, alguna fiesta. Claro que estas no son fiestas en la forma en que las conocemos, con ruido, algarabía, música, etc. Son fiestas pequeñas, como todo en el mundo de los ombus, con pocos individuos, sentados tranquilamente y disfrutando cada uno la presencia del otro, casi sin mediar palabra, casi sin respirar, aprovechando poder estar. En ocasiones alguno cuenta una historia, corta y precisa, pero entretenida y disfrutable. Al terminar la historia, enseguida es olvidada casi por completo, excepto por la sensación que deja en quien la escucha, incluido el narrador. Se deduce de esto, entonces, que los ombus son grandes improvisadores, puesto que no deben contar nunca dos veces la misma historia.

Esta falta de práctica en el recuerdo los lleva a equivocar sus casas y caminos constantemente, pero esto es algo que ellos no perciben en absoluto, puesto que no tienen idea de con quién viven, o dónde. La vida de estos seres sigue unos lineamientos muy básicos. Tal vez sea eso lo que los convierte en individuos felices, cosa en la que rara vez reparan. Es difícil notar que se es feliz cuando se está en ese estado todo el tiempo. Y no es que, como es creencia general, sean estúpidos y por ello felices. Más bien lo contrario. Por ser tan corta su memoria, son grandes genios, descubridores de cosas maravillosas (para ellos, por supuesto). Inventos o descubrimientos que deben ser inventados o descubiertos en un instante, sin teorías, investigaciones o paparruchadas previas. Ellos sólo hacen, ahora, en este momento. No hicieron, porque no recuerdan qué, ni harán, porque no recuerdan para qué.

Al acercarse la muerte de un ombu, este se pregunta qué será lo que le está pasando. Minutos después, muere. Los demás toman conciencia de ello enseguida y lo rodean para observarlo calmadamente. Enseguida su alma es atrapada en una cajita pequeña y marrón, la cual es sellada con lacre y arrojada a un precipicio infinito, lugar donde termina el universo de los ombus. Un precipicio que se encuentra a unos pocos metros de sus casas y al que ven cada día de sus vidas, porque si no olvidarían que tan lejos pueden llegar sus vidas.

Podoplo

Todo el mundo debería tener un podoplo. Claro que eso no es algo que uno pueda elegir. Es el podoplo el que lo elige a uno. O eso es lo que les gusta creer.

De cualquier manera, todos deberían tener uno. O merecerlo.

No recuerdo bien. Creo que siempre viví con mi podoplo. Estoy casi seguro de que lo heredé de mi madre. Ella nunca lo dijo, pero era bastante obvio, por lo menos para mí, que sabía de mi podoplo. Y la única manera de saber acerca de los podoplos es haber tenido uno.
No puedo siquiera imaginar por qué este podoplo habrá dejado a mi madre para venir conmigo. Tal vez era un acuerdo. Él estaría con ella a cambio de su primer hijo. Como en los cuentos de hadas. Entonces, soy suyo...

Posiblemente por eso nunca sentí demasiado respeto por mis padres. Sabía que no les pertenecía.

Y nada que ellos pudieran hacer era comparable con lo que el podoplo les haría. O a mí.

El podoplo no representa ninguna ventaja para mí, lo cual realmente no importa, ya que lo verdaderamente importante es qué ventaja yo represento para él. Eso es lo que me inquieta. ¿Para qué puede querer a un ser tan insignificante? ¿Qué es lo que obtiene? Lo único que me da importancia, lo que, en cierta forma, me enaltece, es que él me haya elegido. Pero eso sólo me importa a mí.

Me extraña saber tantas cosas sobre él, siendo que nunca nos comunicamos. Por ejemplo, puedo decir que quien no haya oído el canto del podoplo nunca ha utilizado sus oídos para algo bueno. Sin embargo no puedo describir su melodía, si es que la hay, ya que no la recuerdo. Sé que el podoplo canta. También sé que sólo lo hace para él. Pero no sé por qué canta. Siempre hay algo de él que no sé. Sin embargo, estoy seguro de que él sabe todo sobre mí.

Nunca pude verlo. De hecho, hay momentos en que llego a dudar de su existencia. Pero son sólo segundos de poca lucidez, desmayos. Sé que él está ahí.

Con el tiempo, pude saber dónde vive y cuáles son sus lugares preferidos. En invierno, por ejemplo, está siempre en la chimenea. Por eso no la enciendo nunca, aunque el frío me congele, o incluso lo haga con él. Él es su propio calor, así como es su propia razón de existir.
En los días calurosos vuela. No lleva a nadie con él, ya que a nadie necesita. Anda persiguiendo al horizonte, buscando la manera de que siempre sea de noche, que es lo que más le gusta. Y es lo que más me gusta de él. Yo también, con mis estúpidas limitaciones, siempre busco el horizonte. Sólo para saber a dónde ir.

Cuando me siento, le gusta esconderse debajo de mi silla y susurrarme cosas para distraerme. Claro que yo no las escucho, por el simple hecho de que él no dice nada.

A veces invita a otros podoplos, sólo para cantar. En conjunto producen un sonido similar al ruido blanco, pero mucho más placentero. Este sonido no es en absoluto parecido al canto de un solo podoplo. Tampoco sé por qué. Sólo sé que los podoplos no disfrutan de la compañía de sus congéneres y de todas maneras se reúnen.

No sé qué gustos tendrán los demás, pero mi podoplo adora los colores oscuros. Los adora casi tanto como al frío. Una vez dejé, por equivocación, una tela amarilla sobre mi cama y no supe del podoplo por dos semanas. Esto se solucionó cuando conseguí suficientes cosas oscuras como para atraer de nuevo su atención. Podía sentir su felicidad por toda la casa confundiéndose con la mía.

Cuando duermo, disfruta enredándose entre mis cabellos. Le dicta cosas a mi cerebro que de otra manera no imaginaría. A veces despierto y me doy cuenta de que está durmiendo en mi cabeza. Por supuesto que no lo molesto. Seguramente merece ese descanso.

Me pregunto por qué le gustará mi cabello, ya que no es de color oscuro. En realidad, nada en mi exterior es oscuro. Tal vez disfruta dar paseos entre los bucles y desarmarlos, para luego recomponerlos. Pero esto no es algo que yo sepa.

Los podoplos oyen, pero no les gusta oír. En especial cuando se habla de ellos. Cuando esto ocurre, simplemente se hunden en la tierra y se dedican a comer raíces, que es lo único que comen. La cantidad de raíces que coman dependerá siempre del tiempo que se hable de ellos. Debo decir que mi podoplo está casi famélico, cosa que a él no le importa. Es perfectamente consciente de su inmortalidad. Además, prefiere el hambre, si es que lo siente, a ser un tema de conversación entre humanos.

Todos los podoplos se creen artistas. Moldean las vidas de sus dueños como un escultor lo hace con la arcilla. Les dan colores, los cuales, casi siempre, son los más oscuros. Sólo agregan luces en los espacios adecuados. Son especialistas en crear relieves, que hacen la vida un poco diferente a las demás. Agregan música en los momentos que corresponden, pero, sobre todo, agregan silencios, que son lo más importante. Dan un título a su obra y con ello le confieren sentido.

Pero nunca la firman, porque saben que ella es más fruto del azar que de sus propias intenciones y, por lo tanto, no les pertenece.

22 oct. 2005

Tienda color

Doblé la esquina y estaba el Tendero Azul metiendose un dedo en el culo en la puerta de su negocio. Escarbaba con fuerza, hacía caras. Eso es lo que él llamaba "un momento de intimidad".
Me acerqué y lo saludé. Nos dimos la mano.

- Acabás de arruinarle un perfecto momento de intimidad. - me dijo.

- Ni siquiera te limpiaste la mano para saludar. - contesté.

Hacia poco había llegado al país y todavía no dominaba bien el idioma. Para lograrlo, se la pasaba escuchando tangos en un pasacassette que trajo de algún lado.

Pasaron cinco cebúes silbando alto. Tenían algo en la cintura escapular. Veinte colores.

Le pregunté qué escuchaba. Pensó dos segundos. Carraspeó.

- Justo una milanga.

- Milonga.

- Sí, milonga. Dice sobre dos amigos que pelea por chica. La chica va con uno. El otro se enoja, entendés?

- Cosas que pasan. Sobre todo en la música.

Me ceba un mate lavado y tomamos durante un rato, sin decir nada. Tiene un termo de cristal. Dentro veo varios Peces Térmicos nadando y sonriendo.

Termina la canción y pasa un tango. Alguno. Un tango como tantos. Le pregunto sobre los Círculos Rojos y me dice que el Anatema Bipolar no está resuelto. Cierto Triángulo Alud anduvo haciendo averiguaciones para comprar una casa en la calle Hipólito Irigoyen. Según parece los planes del Chistoso no van como deberían. Poca cintura para determinados menesteres.

Ahora otro tango, uno moderno. Llueve pimienta uña. Vamos bajo techo. La hija del Tendero Amarillo, cambialahoracambiaelnombre, está tejiendo, con un rebosante par de tetas casi afuera del escote.

- Hola Pepina Riada. - la saludo.

Ni me mira. Sigue con lo suyo y le da una patada al perro, que justo andaba dando vueltas por ahí.

- Ese tango se llama "Peleando por el derecho".

- Ah, algún discípulo de Discépolo? Tango que tocará temas sociales, imagino.

- Nado que ver, amigo. Canta sobre cáncer de testículos. Peleo para que no saquen huevo derecho. - se ríe. Nos reímos.

Eran las cinco y cuarto. El perfume recién empezaba a llegar. Tomé un último mate. Los peces se asfixian. Saludé, tomé el Tren Maxilar y fui al bar. No iba a dejar las cosas así.

12 oct. 2005

Hedor Sibarita

Bebe del tarro de baba y se alegra de no intoxicarse. Forma parte de la Brigada de Penetración Axilar. Profanan tumbas legalmente y toman los gusanos. Los mezclan en una pasta base tres partes de mierda dos de sangre semen. Eso los mantiene vivos. Sanos. Los gusanos crecen tres o cuatro veces su tamaño normal en cuestión de horas. El General Electric se masturba y derrama cinco litros de sangre semen en el contenedor para gusanos. Los espermatozoides, gordos cabezudos granosos, se retuercen entre la pasta y los gusanos se aparean con ellos. Varios minutos después, sólo quedan las crías de la mezcla tres partes de mierda dos de sangre semen gusanos espermatozoides gordos cabezudos granosos. Gusanozoides granosos. Se comen a sus padres y la pasta. Miran por el vidrio y respiran el aire mierda por los agujeros nariz redondos en las paredes transparentes.

Esperan y sonríen.

Santa Fe es grande y la Brigada de Penetración Axilar tiene que llegar hasta el norte de la ciudad calle Avenida Galicia para atender al cliente. Un penetrador de Mega Anos desquiciado incurable que cumple condena domiciliaria y vive de la fortuna de su abuela y de comer pizzas mutilación casual casi todo el día cuando no está cagando y lamiendo el inodoro.

Llegan a la puerta y el guardia ya los conoce y los deja pasar y son infelices por un segundo olor a vómito porque eso no les permite ejercer la violencia gratuita pero lo olvidan porque ahora están trabajando y esa infelicidad ya es bastante como para andar juntandola con otra que se hagan amigas y salgan de copas por ahí para contarse viejas anécdotas de cuando eran pequeñas y jóvenes infelicidades. No.

Entran a la habitación y La Bola de Grasa con Brazos Huesudos y Dientes Rojos los espera desnudo en el suelo con dos o tres Mega Anos que andan olisqueando por ahí y no saben que van a ser penetrados violados esfínteres desgarrados carne mordida arranca escupe chorro de sangre bola de carne picada molida.

Sacan sus navajas bacterias come carne pudre tejido y abren las axilas con cuidado de rasgar sangrar destrozar dejar marcas que duela. Los agujeros muestran hueso chorrean sangre semen y algunas venas se retuercen salpican animales pierden sustento sangre semen. Sórdido. Sacan gusanozoides granosos y los invitan a pasar a los agujeros (dicen que sí) y algunos son machos y otros son hembras no se quedan ahí buscan zonas con más lugar y van a la cabeza, tórax, cadera, ingle.

Será conveniente hacer una aclaración en este momento. Los procedimientos de la Brigada Axilar no son bien conocidos, puesto que casi nadie puede pagarlos y se conducen con el más absoluto sigilo, prevaleciendo siempre la discreción sobre la vida de sus clientes.

Los gusanozoides granosos, una vez introducidos al cuerpo humano, se aparean con virulencia, segregando varios líquidos y sustancias.

Disparan chorros de sangre semen, la cual el cuerpo del huésped incorpora inmediatamente, evitando así morir desangrado. Expelen, también, una determinada cantidad de sustancias, la mayoría de las cuales actúan como Endorfinas Epilepsia, provocando un inmediato Placer Convulsionante.

Al tratarse de un híbrido, la reproducción del gusanozoide granoso es imposible. Ignorante de este hecho, el animal continúa el acto sexual hasta su muerte, la cual suele ocurrir alrededor de unas tres horas después de comenzado el apareamiento.

Pasan los minutos y miran las convulsiones y el placer salpica la sangre semen y nunca termina solo esperan y ven que todo esté bien y el cuerpo no golpee elementos cortantes más sangre semen y dolor que no notará en el éxtasis.

Ya son tres horas y es momento de sacar los gusanozoides granosos así no mueren y quedan dentro del cuerpo contagian muerte todo se pudre no más placer.

Muertos se convierten en mierda van al intestino grueso agujero muy chico para salir trepanan boca y ano ponen la boca en la salida empujan con la máquina que sólo El Rubio Andrajoso sabe usar los gusanos salen y la boca ano recto dientes rojos mastica rápido y todo sale triturado y cae en una bolsa se llena la sacan ponen otra bolsa.

Colocan la boca donde estaba el ano también cobran sus honorarios y vuelven para antes del almuerzo.

Cae la lluvia y hace calor. Gente con poca ropa.

Avispación

9 oct. 2005

Redada

Decomisamos la inteligencia con nuestros tubos aspiradora insertandolos directamente en las sienes de cientos de personas. Estaban mirando sus libros embobados quién sabe por qué. Queríamos la inteligencia para destruirla incluyendola en tomos de madera de los dinosaurios pistola.

Agregaríamos tres litros de jugo que todo lo puede y la continuación finalizaría. Conseguiríamos más para poder adosar un nuevo brazo a nuestro reverberante poder oder der er r.

La verbena colostomizó y pudimos oler lo que seguría. Un frasco azul de líquido amarillo parecía verde y vimos que escribía algo en un papelito aún vivo. Gritó algo en ese idioma que sólo los tres del barrio entienden y comenzó a masticar un grillo. Vimos algo como mierda saliendo de la oreja pelo y sonreimos.

Metimos cinco kilos de inteligencia que tendría sabor metano y comimos otra vez.

Accidentes, genética obligatoria.

De tiempo en tiempo, el Insípido Mamotreto Casquivano apaga las luces de la Ciudad de Adán durante la noche.

Se sienta en la Torre de Carne y observa los accidentes. Al cabo de una hora, más o menos, me pide sus instrumentos y bajamos a la calle.

Curioseamos un rato y nos reímos, alegres. Mucha gente queda aprisionada en sus vehículos. Otras salen expulsadas.

A quienes quedan atrapados, los serruchamos, cercenamos, trepanamos, desinfectamos. Los liberamos. En pequeñas partes.

Quienes no han quedado atrapados (debido a la naturaleza auto cortante de los vehículos modernos) se encuentran ya desparramados a lo largo, ancho, alto y bajo de las calles y edificios circundantes.

Tomamos un trago de Licor Para Descangayar el Alma y comenzamos a trabajar divertirnos.

Cosemos. Probamos. Cortamos. Volvemos a coser. El hilo pasa entre la carne y pega pedazos de personas. A veces la misma, a veces distinta.

Las almas, las vidas, los nombres se entrecruzan. La que Nunca Levitaba pasa a ser La que Amaba y Retorcía. Aquel quien Amaba las Salchichas Envueltas en Diarios empezó a ser conocido como Aquel quien Nunca Corrió en un Diario Ergonómico. Demeter el que Intentaba ser un Mago, fue Demeter el de Corbata Celeste que Nunca.

Al Insípido Mamotreto Casquivano le gusta cambiar las vidas elementos circundantes. A veces, subrepticiamente. A veces, arrancando carne a mordiscones.

También le gustan los Caramelos de Choclo Ávido. Cuando terminamos, me convida uno y volvemos a la Torre de Carne.

Vuelven las luces, en la Ciudad de Adán.

Duendes, venganza, masticar

Se sacó del lagrimal un duende ano que le estaba cagando la vista de aquel fabuloso par de tetas (purulentas).

Se mordió un dedo hasta cortar y sorbió un chorrito de sangre si no duele no vale la pena.

El duende ano todavía estaba por ahí y le llenaba la mano de mierda. Se relamió , puso en su boca el duende ano y comenzó a masticar.

Hemorroidicamente, el duende ano se inflamó, expulsando caca virulenta, agusanada, primero un bodoque de mierda de días de comer sólo queso y arroz, cilindros anchos, bolas y más bolas de plasta amontonadas, máquinas, taladros, desconsiderados y ocres, de todo camino intestinal.

Luego mierda lechosa que espera humeante para salir cuando se destrabe el conducto, pedacitos de hojas rojas, granos de maíz arroz semillas de tomate, cosas blancas calcificadas gusanos partidos por mil, todo envuelto en su vehículo ladrillo marrón chocolate para moscas y sus hijos que van de pic nic obsceno. Y sale y, después, casi todo agua con detalles - pimpollos de mierda - que recuerdan que ese es el agujero para sacar cosas sólidas, no sólo líquido y gas. Gas que, de vez en cuando, se abalanza sin cortar los chorros mierda y agranda el agujero, lo descangaya con ruido de agua corriendo FFFFSHHHHHHH, sumado a esos suculentos pedos geométricos tridimensionales, cada pedo parece un cono, un cubo, un megaedro tres de saliendo del orto, desgarran e irritan.

El duende no gritaba. Pensó en que esto terminaría pronto y sería tragado y que, en el estómago, enviaría ondas mierda humana al cerebro del tragador y que cagaría, cagaría como nunca nadie cagó nada y la mierda saldría por los oídos después de atascar el cerebro y empastaría los conductos y las articulaciones se corroerían con la caca ácido de gaviota impronta malsana y los poros sólo emanarían mierda nunca más transpiración bolita que duele y la saliva tendría otro sabor y él abriría un agujero rojo chorreando con la mierda que corta tejidos y podría salir para ser feliz en ese mundo chocolate para moscas.

Tragó.

8 oct. 2005

Chico Manzanas Gancho Pájaro

Era muy gracioso verlo correr por el campo con sus piernas azules chiclosas y una bolsa llena de manzanas en el hombro izquierdo, justo en el lugar donde debería estar el brazo.

Alguien (probablemente P.O.K.) le había incrustado un gancho de metal en el hueso que asomaba en el hombro desde siempre.

Tenía una hemorroide en todo momento inflamada le gustaba el picante parecía un mandril.

Llevaba las manzanas al almacén del pueblo. Nunca comía lo que otros habían digerido, porque le daban ataques de risa y la hemorroide dolía.

Una vez mató a un pájaro. Lo había cazado de un piedrazo, pero no se había muerto y veía cómo sonreía, desafiante, y le decía: "Haz de esta muerte un recuerdo que ni Los Mares de Sal puedan corroer.". Lo agarró por el cuello y metió la cabecita (empezando por el pico) en el agujero de la pija, pensó en La Tetona de Ojos Grises que Saca el Aliento y comenzó a masturbarse suavemente. La hemorroide picaba y él se rascaba contra la corteza del Árbol Ignoto.

Luego, tomó coraje y pensó en La Mina Dada Vuelta, esa que tenía el intestino del lado de afuera y se podía escuchar cómo digería y cagaba mientras te contaba que mañana iba al dentista para hacerse una limpieza y todo era Gruac Bruac Ruac Bruc y él se tocaba violentamente pensando en eso.

El pájaro incrustado en el agujero pija recitaba algo que, de no ser por el chorro semi constante de sangre semen, hubiera sonado menos burbujeante y grumoso.

Comió una manzana y miró a La Vaca que Dormía Siempre y se acercó y le metió la pija pájaro burbujeante (grumos) y bombeó un rato y se reía porque pensaba en la carrera de caballos de ayer (se rompió la pata cayó el jinete crack).

Cuando acabó, no sabía si el pájaro había muerto, pero no escuchaba más palabras grumosas (burbujas) y, por lo menos, se habría desmayado.

Le dio una manzana a La Vaca que Dormía Siempre y esperó dos días para revisar la mierda.
Revisó la bosta con el gancho y lamía el olor para sacarse el hambre del estómago y encontraba familias de gusanos que tomaban el té y otras dormían y otras jugaban al billar.

Con la osamenta del pájaro habían hecho una plaza y los gusanos niños jugaban y no los dejaban meterse en el arenero porque los gatos y los perros hacían caca y pis y se podían contagiar los parásitos que mastican intestinos y corrompen el ano.

Dijo que sí y corrió hacia el otro lado, hacia allá quedaba su casa.

Patada

La pateó fuerte fuertísimo. Una patada inmerecida, certera, artera.

Para patear había doblado su pierna hacia atrás hasta tocar la nuca con el talón.

Ella se estaba lavando las manos (patada por atrás).

Ahora no podían sacar el pie del agujero. Primero había sido cosa de risa. Pero tenían que volver a sus casas y en el tren no se podía viajar así. En los subterráneos había multas. Santa Fe, ciudad de mierda húmeda.

Ya no era cosa de risa.

Hacía calor, como casi siempre, la humedad chorreaba de las paredes, brotaba del suelo. Gusanos vuelan, miran ríos de vómito. Santa Fe sonríe.

Hicieron como si nada por un rato y miraron televisión. Llamaron al doctor que usaba adamantino para sus prácticas sexuales oxidadas (dolor candor sangre) (vómito coágulos), idiosincracia.

Todo por un agujero. adamantino es así. Santa Fe es así. Coca Cola es así. Así es la vida.

Vómito y sonrisa.

Aburridos por el no sexo, se masturbaban mutuamente sin parar ni siquiera para (terminar mirar) lo que habían hecho escuchar los gritos ver las caras lamer la sangre semen sin parar a parar para detenerse. Vomitaron. Sonrieron.

El doctor golpeó la puerta y tomaba whisky de bolsa escrotal. adamantino esperaba en el auto, necesitaba que lo corten.

Pase (pasó). La puerta estaba abierta. Hinchada trabada chorreada por la humedad. Empujó, se dislocó el hombro. Se lo acomodó, no gritaba, nunca grita, sólo disfruta. Tomó un buen trago de whisky de la bolsa peluda. Sabroso caliente. Pisó el vómito. Sonrió.

Esto se presenta como un caso difícil, tal vez deba llevarme su Mindus en forma de pago, comerlo, cojerlo, torturarlo, venerarlo. (Bueno). Resolveré el problema, entonces.

Echó nafta donde el pie y el agujero se mezclaban. Marrón, algunas moscas ponían (gusanos hijos) (más moscas reproducción) (felicidad permanencia de la especie). Bzzzzzz.

Más whisky. Felicidad. Permanencia de la especie. Vómito sonrisa.

La hinchazón no pasaba. Llamó a adamantino. Le cortó una mano sobre la mezcla (mierda moscas pie agujero) y la sangre chorreó y también un gargajo de semen que no había tragado y él escupió para ver qué pasaba.

La hinchazón no era más y el pie se podía sacar. Tiró. Tiraron y todos se reian y el Mindus ya tenía un cuchillo dentro del oído izquierdo y se reia del vómito que iba a tragar.

Finalmente salió y todos pensaban que no, que no era así, pero escarbaron con un palito y el pie era todo mierda persona (chocolate para moscas, cuna de gusanos) y ya no se reian tanto por el vómito.

Entonces le dijo que ya había empezado, amputar, que sería todo mierda dentro de poco, amputar, que no sabía cuánto tiempo, amputar, que se llevaba el Mindus, amputar, él no le creyó y estuvo dos días así, amputar, y su humor no cambiaba y leía y escribía y comía maní, amputar, al tercer día sus dos piernas eran mierda chocolate de moscas, amputar, y a él no le gustaban las moscas, amputar, y su verga mástil de 43 centímetros no sería mierda, amputar, no quería mierda (sangre semen) mezclada con los (huevos mosca), amputar, tendría (hijos moscas) (mierda chocolate) y ya no podría mirar los dibujitos, o comer galletitas, o leer y escribir y los hijos (humanos mierda) (mosca chocolate) lo molestarían mirando con todos sus miles de ojos verde brillante que se reflejan gracioso como el detergente en el agua (colores aceite) pero más chiquito, amputar, am-putar, am-pu-tar, a-m-p-u-t-a-r. rrrrrrrr.

Comió piernas amputadas y ella también y no hubo (hijos mosca) (mierda chocolate) y miraron dibujitos y algunas galletitas que habían quedado en la cama estaban ahí, y su verga mástil (43 cm) estaba bien y era (primavera sexo) anarquía (semen sangre) (litros kilos) y el vómito corrió por Santa Fe. Sonrieron.

Probaron de nuevo el sabor. Bzzzzzzz. Grumos.

6 oct. 2005

Tarde

Le dije que se me hacía tarde. Masticó rapidamente sus tres almejas petróleo, escupió los carozos (masticarlos envenena) y se levantó.

Fuimos al circo y luego sólo recordamos la arena.

Nunca más nos vimos.

5 oct. 2005

Despertares obscenos, metamorfosis no kafkianas.

Un día se levantó (estas historias empiezan así) y le había salido una uña en la pija.

No se preocupó demasiado. No era el sueño de su vida, pero tampoco una pesadilla. Alguna utilidad le encontraría. Se rascó la cabeza.

--------------------

Ese día se despertó y notó algo raro en sus manos. Cada dedo se había convertido en una perfecta, viril, erecta pija.

Pensó en que cepillarse los dientes sería toda una afrenta hacia su masculinidad.
Pero, después de todo, no la pasaría tan mal.

--------------------

Un día como cualquier otro, abrió los ojos y sus huevos eran dos uvas. No un racimo: DOS uvas. Negras, ovaladas, lisas. Uvas.

Se preocupó un poco. Luego lo pensó mejor.

Se dirigió a la cocina, meó en un vaso y bebió el líquido. El mejor vino que había probado en su vida.

--------------------

Aquella mañana despertó y su pija era un hámster.

Estaba dormido, con los carretes inflados de tanto almacenar semen comida. Un hermoso peluche orgánico.

Algo andaba mal, demasiada temperatura. Fiebre.

Finalmente, era la oportunidad para visitar a aquella soberbia morocha tetona que atendía en la veterinaria de la esquina.

--------------------

Despertó. No, no era un sueño, ni su imaginación.

Sus ojos, dos soberbios huevos de toro. Su nariz, una tremenda verga de caballo.

Tocó su boca. Una espléndida concha de mujer. La más roja, carnosa, caliente y jugosa concha de mujer.

Lo pensó un rato, tratando de recordar.

No, la zoofilia no era ilegal en aquel lugar.

Comenzó la faena.

--------------------

Abrió los ojos violentamente. Algo andaba mal.

Corrió hacia la cocina y lo vio. Todas sus sillas se habían convertido en tremendos falos con patas de animal.

No podía ser. Sería una pesadilla, seguramente.

Volvió a la cama y siguió durmiendo un rato más.

Cuando despertó, ya era tarde. Las sillas habían violado a todo el mobiliario.

Llamó a la policía.

--------------------

Despertó con una sensación extraña. Un sabor poco familiar en la boca. No escuchaba ningún sonido en la casa. Un dolor punzante en el ano. Serían sus hemorroides.

Fue al baño y se miró al espejo. Comprendió.

Su verga se había inflado hasta tener el grosor de una manguera de bombero.

Aburrida, había incrustado su glande en la boca. Comenzó a bombear semen, directamente en el esófago.

De las orejas salían dos pijas más, algo más flexibles, bastante más angostas.

Iban hacia su espalda. Se dio vuelta frente al espejo, para ver mejor. Tenía las dos vergas auriculares encajadas casi herméticamente en el esfínter anal. Casi. Por un pequeñísimo agujero manaba continuamente un hilo de sangre, pus, mierda y semen.

Miró el reloj. Era tarde, casi las 8.00.

Buscó la ropa, que siempre dejaba sobre la silla, se vistió y corrió hasta la oficina.

--------------------

Era sábado, diez de la mañana. Sonó el despertador y se despertó, como siempre, para mirar los dibujitos.

Manoteó el control remoto y, en seguida, notó algo extraño. Húmedo, peludo, oloroso y profundo.

Una grotesca vagina granosa. Miles de granos (en realidad no eran más de veinte) numerados, purulentos.

El televisor, frente a su cama, era un inmenso ano desgarrado en uno de sus lados. Dos hermosos
soretes en la parte superior hacían las veces de antena.

Encendió el aparato y este comenzó a convulsionar. Espasmódicamente, un cólico tras otro, vomitaba su mierda. Mierda con granos de arroz, de maíz, manos de persona, labios corroídos por venenosos maquillajes, voces quebradas por falsos llantos, vómitos tragados digeridos y cagados con todo éxito. Inundaba la habitación.

Algo había pasado con el canal de dibujitos. No lo encontraba. Tal vez la empresa lo había quitado.

Pensó en que el lunes llamaría para consultar al respecto. Se dio vuelta y durmió dos horas más.

--------------------

Le gustaba la selva, por eso durmió fuera de la choza. Era jueves y despertó convertido en una Pija Asesina Elefantes. La Mujer Teta estaba a su lado, ya despierta, manando su leche pegajosa, grumosa, a raudales sobre los hambrientos Leones Mierda.

Le parecía un buen día para cojer. Los jueves, todos lo saben, los elefantes son vaginas andantes, buscando muerte y placer en manos de los Pija Asesina Elefantes.

Sonrió y salió a cazar.

--------------------

Había decidido que era la última vez que se acostaba con su hermana. La cosa ya empezaba a darle asco.

Se habían dormido abrazados, después de tremendos cinco polvazos. Polvos chorreantes, blancos, espesos, vaporosos como bosta caliente de caballo.

Despertó y la observó unos minutos. Algo había cambiado y no podía determinar qué. Desparramados a lo largo y ancho del cuerpo, mordiscones, arañazos, moretones, coágulos. Todos de la noche anterior.

Le levantó los brazos. Ahí lo esperaban, sórdidas, expectantes, dos profundas y peludas vaginas dentadas.

Siempre había buscado una razón para poder ser feliz con sus brazos pija, glandes mano, sangre semen.

Esto sería algo nuevo. Completamente. Para los dos.

La acomodó un poco y, sin pensarlo demasiado, la penetró con sus brazos pija.

Ella sonrió, entredormida. Las vaginas dentadas mordieron, una y otra vez.

La sangre semen comenzó a ahogarlos.

Gozaron.

--------------------

A las siete de la mañana el reloj despertador comenzó a gritar, orgasmo tras orgasmo.

Bloqueó la campanilla y su boca era un ano. Sus uñas eran mierda. Su aliento era espeso y ácido como vomitada. Sus dientes eran vaginas gangrenosas qué él no podía dejar de lamer con su lengua intestino.

Miró en el espejo su piel chorreante orín.

Olía bien. Muy bien.

Vomitó algunas palabras a su hombre que lo coje todas las noches y él las tragó.

Desde sus orejas la pus mierda cagada por moscas caía sobre sus hombros.

Tomó un poco con sus manos lagrimal inflamado y la comió.

Este tenía que ser un buen día. Un poco distinto a los otros.

Un día para caminar sobre la mierda que se come. Respirar el olor.

Un día marrón.

3 oct. 2005

Turín, la roja

Asentí, ya lo tenía todo en la cabeza. No me costó nada planearlo.

El Insípido Mamotreto Casquivano había vuelto a las andadas. Planeaba conquistar Turín, la Roja.
Ya no vivía mucha gente ahí. Él quería estar tranquilo.

Cuando el lugar fuera suyo, torturaría y asesinaría a la (poca) población restante. Esa parte no me correspondía, aunque ya lo había visto hacerlo otras veces. Empalamientos, aceite hirviendo, uñas levantadas, cuentos antes de dormir. Lo usual.

Me correspondía el plan. Un plan por demás de simple, por supuesto.

Habíamos colocado un tobogán de 500 metros de alto que apuntaba directamente a todas las camas de la gente que dormía en la ciudad. Sabíamos que todos iban a dormir a las 20.00 hs, menos El Piano que Perdió una Tecla. Él iba a dormir a las 19.00 hs.

Esperaríamos a que todos estuvieran profundamente dormidos. Para eso deberían pasar unas 3 horas. A las 23.00, entonces. Una hora antes de la medianoche.

Quedamos en encontrarnos en lo más alto del tobogán. Úrsula la del Nombre Altivo nos proveería los proyectiles. Yo había tenido una idea, pero luego resultó que no servía. Entonces pasé a otra. Me gustó.

Arrojaríamos, mediante el tobogán, dos tipos de proyectil: Nubes Secas que no Cambian de Forma para los hombres, Aire Azul que se Desplaza por Debajo de la Tierra la Mayor Parte del Tiempo para las mujeres. Letales ambos. O casi. Habría algunos sobrevivientes, seguramente. Pero de ellos se encargaría el Insípido Mamotreto Casquivano.

Todo salió como debía. El I.M.C. había llevado el Saco Oloriento de la Buena Suerte Para uno Pero no Para los Demás. Le quedaba bien. Terminamos a eso de las 00.30 hs.

Sólo quedaron quince heridos. Poca cosa para él, por lo que telefoneó enseguida a Manuela la que Quiebra Huesos y no Deja Rastros para que se ocupe de todo lo que restaba por aniquilar.
Escuchamos gritos y vimos llover sangre por unos treinta minutos. Manuela la que Quiebra Huesos y no Deja Rastros cobró sus honorarios más propina, se dio vuelta y desapareció.

La ciudad era nuestra. Eran las 3.00 am.

Disfrutamos nuestras merecidas vacaciones de tres semanas para, finalmente, volver a la ciudad de Adán. Nos gustó la playa.

Mirá. En la ciudad de Adán.

Mirá, el Insípido Mamotreto Casquivano exige que digamos que no. Toma el tiempo (00:03:44:231) y ve que las cosas van a resultar. Lo toma de nuevo. No puede ser que las cosas vayan a resultar.

Mirá, El Celeste, no te puedo decir que no, yo quisiera, pero esta es la ciudad de Adán. No se puede decir que no. No. Dale, tomá el tiempo, I.M.C.. Va bien? Suerte.

Mirá, El Señor de la Galera, si seguís golpeando la puerta, sólo vas a lograr lastimarte los nudillos. Hay bichos que comen sangre, vos sabés, pero las puertas prefieren la pintura. Algunas barniz y listo. No toques ese picaporte, depravado. Espiá por el agujerito. Qué ves?

Mirá, del otro lado está El Perro Anarkista Dulzón. Está cogiendo con La Pelusa del Ombligo que Recorre la Tierra. No gritan mucho. Andá a saber qué les pasa. Y para allá? Gente comiendo nueces.

Está El Aire Azul, El que No Tiene Olor, La de los Ojos Vacíos, Ella la que Tuvo Dientes. Todos juntos. Comen nueces. Respiran también. Pero se turnan. Son gente educada. Miguel el del Nombre Simple contempla y asiente. Siempre dice que sí. Esta es la ciudad de Adán.

2 oct. 2005

Dedos

Tomás el dedo índice y lo enredás con el meñique. Cuesta, pero vale la pena. Ya va. (rrruidoarrrroto).

Ahora estirás el pulgar hasta el codo quesencuentralgunos centímetros antes de la mano a la cual está adosado. (nohaydolornohaydolor)

Por si esto fuera poco (envidia), el anular y el medio comienzan a sentir una pasión revolucionaria en lo más íntimo de sus entrañas, por lo que convulsionan eléctricamente hasta quedar extasiados, deshechos, formando el símbolo de la paz. Y anarquía. (ruidodesirenasuuuhuuuhuuuhu).

Como es un ejercicio más bien cíclico, pagás la fianza y volvés al principio.