Las alocadas aventuras de alguien llamado Gabriel, cuya principal característica es aborrecer los diminutivos.
31 mar 2007
20 mar 2007
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6 mar 2007
4 mar 2007
13 feb 2007
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18 ene 2007
12 dic 2006
30 nov 2006
Índice Albergue
Consiguientemente, hubo un murmullo. Había arrancado sus propias orejas, para beneplácito de un suculento público de magros ratones. Conseguimos tres boletos baratos hacia el destino axilar, pero hubo unos problemas con las maletas, o el maletero, no recuerdo.
Fue como si el mismísimo Thor quisiera destruir todos los sueños de aquella putrefacta vida que teníamos.
Sólo nos quedaba seguir cagando en las alcantarillas por un mísero sueldo y tres albóndigas de papel. El papel cada vez sabía peor. Y, como siempre, no estabamos seguros de lo que iba a pasar.
Tal vez en otra ocasión.
Fue como si el mismísimo Thor quisiera destruir todos los sueños de aquella putrefacta vida que teníamos.
Sólo nos quedaba seguir cagando en las alcantarillas por un mísero sueldo y tres albóndigas de papel. El papel cada vez sabía peor. Y, como siempre, no estabamos seguros de lo que iba a pasar.
Tal vez en otra ocasión.
17 nov 2006
31 oct 2006
23 oct 2006
14 ago 2006
Fotocopia de adoquín
Supongo yo que fue la presión intrínseca del almíbar en los anteojos. Las flores intentaron cazar la teta, pero la isinka no tuvo mayor éxito.
Era como una voz ansélmica, bálsamo de la papafrita mayor. Una sartén tuvo la desdicha de ser otro cuadrado sin mayores huecos o ambiciones que escribir con un teclado de cucarachas.
Era "mentira lie tuve had" y todo se traducía por una botella inalámbrica que sólo funcionaba cuando llovía. Paró la tormenta. Un color de tamaño cuatro tuvo la buena idea de continuar, a ver qué pasaba. La salamandra tuvo un quiste en el útero por dos semanas antes de notar que había muerto antes aún que Dios mismo. Siguió con lo suyo.
No podía faltar un gorila, aquel que en vez de pisar la cáscara, más bien se comía la banana. El caracol del otro cuento lo invitó a tomar el té y terminaron teniendo sexo en la cocina. Nadie limpió y una tipa se enojó.
Se cerró la ventana de olor a maní con cuatro manijas, lo que significaba que un sempiterno muchacho había olvidado cómo utilizar el mercachifle. Era hora de andar en bolsa hasta Australia.
El (lo que sea) sería incentivo suficiente.
Nada mejor que un renglón en blanco.
Era como una voz ansélmica, bálsamo de la papafrita mayor. Una sartén tuvo la desdicha de ser otro cuadrado sin mayores huecos o ambiciones que escribir con un teclado de cucarachas.
Era "mentira lie tuve had" y todo se traducía por una botella inalámbrica que sólo funcionaba cuando llovía. Paró la tormenta. Un color de tamaño cuatro tuvo la buena idea de continuar, a ver qué pasaba. La salamandra tuvo un quiste en el útero por dos semanas antes de notar que había muerto antes aún que Dios mismo. Siguió con lo suyo.
No podía faltar un gorila, aquel que en vez de pisar la cáscara, más bien se comía la banana. El caracol del otro cuento lo invitó a tomar el té y terminaron teniendo sexo en la cocina. Nadie limpió y una tipa se enojó.
Se cerró la ventana de olor a maní con cuatro manijas, lo que significaba que un sempiterno muchacho había olvidado cómo utilizar el mercachifle. Era hora de andar en bolsa hasta Australia.
El (lo que sea) sería incentivo suficiente.
Nada mejor que un renglón en blanco.
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