Las alocadas aventuras de alguien llamado Gabriel, cuya principal característica es aborrecer los diminutivos.
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Consiguientemente, hubo un murmullo. Había arrancado sus propias orejas, para beneplácito de un suculento público de magros ratones. Conseguimos tres boletos baratos hacia el destino axilar, pero hubo unos problemas con las maletas, o el maletero, no recuerdo.
Fue como si el mismísimo Thor quisiera destruir todos los sueños de aquella putrefacta vida que teníamos.
Sólo nos quedaba seguir cagando en las alcantarillas por un mísero sueldo y tres albóndigas de papel. El papel cada vez sabía peor. Y, como siempre, no estabamos seguros de lo que iba a pasar.
Tal vez en otra ocasión.
Fue como si el mismísimo Thor quisiera destruir todos los sueños de aquella putrefacta vida que teníamos.
Sólo nos quedaba seguir cagando en las alcantarillas por un mísero sueldo y tres albóndigas de papel. El papel cada vez sabía peor. Y, como siempre, no estabamos seguros de lo que iba a pasar.
Tal vez en otra ocasión.
17 nov 2006
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