3 dic. 2005

Tapones

Tapones. Miran a la izquierda y señalan la llama. A la derecha, nada. Invita como si fuera el dolor.

Escucharon un grito. Curiosos, se dirigen allá. Creen que no volverán.

Silencio entre cada canción. Un dinosaurio que ya se extinguió. Vuelve a suceder.

La grabación se detiene. La actriz pregunta "Cuál fue el error?". Ninguno. Nunca nada sucedió.

Escalas tonales, diacrónicas, octatónicas. Una fórmula para el fracaso. Como si importara, a esta altura.

Una hemorroide pasa y saluda. Nunca más se sienta. Detesta esa clase de saludos. Pica pica bajada cordón.

La nariz de Papá Noel, tan parecida a la de aquel payaso. Suerte que murió, despedazado por su propio trineo. Venganza de los renos. Aquella fotografía en el diario del domingo 25, el gordo hijo de puta con las tripas para afuera. Barbie y Ken ensangrentados, como terminando de tener sexo (o comenzando), entre las pelotas machucadas del barbudo que dejaba de existir ese día. Rodolfo se revolcaba en la mierda. Cadena perpetua, dijeron.

Nunca supimos qué era lo que pasaba con la rubia. Montaba como una auténtica puta, pero, apenas acababa, desaparecía. Tal vez así era mejor.

Esos rulos...

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