18 abr. 2005

Biología

La mitocondria, como siempre, más inclinada para la izquierda que hacia el dulce de membrillo, dijo enfurecida: "¡¿Me das un chocolate o no?!".

Raúl, todavía algo díscolo, estiró la mano ofreciendo la golosina.

En ningún momento advirtieron que se trataba de un laxante.

Ocurrió, pues, la más exhuberante, divertida, abundante y colorida diarrea que mitocondria alguna haya tenido el placer de expeler.

Al no ser este hecho publicado en ninguno de los grandes libros de biología, cuyos tomos versan sobre temas menos creíbles para nuestros cultivados oídos, este triunvirato decide escindir el lacre de todo secreto y hacer conocida esta historia.

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