21 ago. 2007

Gajes del orificio

Lo que me gusta de andar en bicicleta es mirar lo que pasa a mi alrededor. Y por sobre él. Los Pájaros Explosivos de la fauna local serían un buen ejemplo de ello. Me fascinan.

Más de una vez he terminado con las entrañas de un Mirlo Triturador en el sombrero. Suelen explotar de la risa al ver a los Normandos Añorantes, pensando en pretéritos perfectos y futuros indicativos (sujetos a condicionales subjuntivos) que, como cualquiera sabe, son motivo de risa fulminante desde el tiempo de La Bosta Gris.

Por lo general no hago más de diez cuadras a ningún lado, por lo que puedo entrar en calor al octavo kilómetro, con el dolor de piernas correspondiente. Suele ocurrir que los Asesinos de Automovilistas me saludan, como es costumbre en estas tierras, mientras extirpan palancas de cambios y pedales de sus víctimas, para llevar al desarmadero.

Una vez tuve la oportunidad de ver un Colectivero Ajenjo, especie que se pensaba extinta, luego de su reemplazo total por los Animales de Manejo Altaneros de Poca Capacidad Auditiva. Pensé en sentarme a charlar un rato con él, pero un Taxista y Locutor Radial le pasó por encima 72 veces en un cruce de calles. Gajes del oficio.

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