3 oct. 2005

Turín, la roja

Asentí, ya lo tenía todo en la cabeza. No me costó nada planearlo.

El Insípido Mamotreto Casquivano había vuelto a las andadas. Planeaba conquistar Turín, la Roja.
Ya no vivía mucha gente ahí. Él quería estar tranquilo.

Cuando el lugar fuera suyo, torturaría y asesinaría a la (poca) población restante. Esa parte no me correspondía, aunque ya lo había visto hacerlo otras veces. Empalamientos, aceite hirviendo, uñas levantadas, cuentos antes de dormir. Lo usual.

Me correspondía el plan. Un plan por demás de simple, por supuesto.

Habíamos colocado un tobogán de 500 metros de alto que apuntaba directamente a todas las camas de la gente que dormía en la ciudad. Sabíamos que todos iban a dormir a las 20.00 hs, menos El Piano que Perdió una Tecla. Él iba a dormir a las 19.00 hs.

Esperaríamos a que todos estuvieran profundamente dormidos. Para eso deberían pasar unas 3 horas. A las 23.00, entonces. Una hora antes de la medianoche.

Quedamos en encontrarnos en lo más alto del tobogán. Úrsula la del Nombre Altivo nos proveería los proyectiles. Yo había tenido una idea, pero luego resultó que no servía. Entonces pasé a otra. Me gustó.

Arrojaríamos, mediante el tobogán, dos tipos de proyectil: Nubes Secas que no Cambian de Forma para los hombres, Aire Azul que se Desplaza por Debajo de la Tierra la Mayor Parte del Tiempo para las mujeres. Letales ambos. O casi. Habría algunos sobrevivientes, seguramente. Pero de ellos se encargaría el Insípido Mamotreto Casquivano.

Todo salió como debía. El I.M.C. había llevado el Saco Oloriento de la Buena Suerte Para uno Pero no Para los Demás. Le quedaba bien. Terminamos a eso de las 00.30 hs.

Sólo quedaron quince heridos. Poca cosa para él, por lo que telefoneó enseguida a Manuela la que Quiebra Huesos y no Deja Rastros para que se ocupe de todo lo que restaba por aniquilar.
Escuchamos gritos y vimos llover sangre por unos treinta minutos. Manuela la que Quiebra Huesos y no Deja Rastros cobró sus honorarios más propina, se dio vuelta y desapareció.

La ciudad era nuestra. Eran las 3.00 am.

Disfrutamos nuestras merecidas vacaciones de tres semanas para, finalmente, volver a la ciudad de Adán. Nos gustó la playa.

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