8 oct. 2005

Chico Manzanas Gancho Pájaro

Era muy gracioso verlo correr por el campo con sus piernas azules chiclosas y una bolsa llena de manzanas en el hombro izquierdo, justo en el lugar donde debería estar el brazo.

Alguien (probablemente P.O.K.) le había incrustado un gancho de metal en el hueso que asomaba en el hombro desde siempre.

Tenía una hemorroide en todo momento inflamada le gustaba el picante parecía un mandril.

Llevaba las manzanas al almacén del pueblo. Nunca comía lo que otros habían digerido, porque le daban ataques de risa y la hemorroide dolía.

Una vez mató a un pájaro. Lo había cazado de un piedrazo, pero no se había muerto y veía cómo sonreía, desafiante, y le decía: "Haz de esta muerte un recuerdo que ni Los Mares de Sal puedan corroer.". Lo agarró por el cuello y metió la cabecita (empezando por el pico) en el agujero de la pija, pensó en La Tetona de Ojos Grises que Saca el Aliento y comenzó a masturbarse suavemente. La hemorroide picaba y él se rascaba contra la corteza del Árbol Ignoto.

Luego, tomó coraje y pensó en La Mina Dada Vuelta, esa que tenía el intestino del lado de afuera y se podía escuchar cómo digería y cagaba mientras te contaba que mañana iba al dentista para hacerse una limpieza y todo era Gruac Bruac Ruac Bruc y él se tocaba violentamente pensando en eso.

El pájaro incrustado en el agujero pija recitaba algo que, de no ser por el chorro semi constante de sangre semen, hubiera sonado menos burbujeante y grumoso.

Comió una manzana y miró a La Vaca que Dormía Siempre y se acercó y le metió la pija pájaro burbujeante (grumos) y bombeó un rato y se reía porque pensaba en la carrera de caballos de ayer (se rompió la pata cayó el jinete crack).

Cuando acabó, no sabía si el pájaro había muerto, pero no escuchaba más palabras grumosas (burbujas) y, por lo menos, se habría desmayado.

Le dio una manzana a La Vaca que Dormía Siempre y esperó dos días para revisar la mierda.
Revisó la bosta con el gancho y lamía el olor para sacarse el hambre del estómago y encontraba familias de gusanos que tomaban el té y otras dormían y otras jugaban al billar.

Con la osamenta del pájaro habían hecho una plaza y los gusanos niños jugaban y no los dejaban meterse en el arenero porque los gatos y los perros hacían caca y pis y se podían contagiar los parásitos que mastican intestinos y corrompen el ano.

Dijo que sí y corrió hacia el otro lado, hacia allá quedaba su casa.

No hay comentarios.: