26 oct. 2005

Hipnósis

Le dijo "Camine como perro.", y él sólo se puso en cuatro patas y comenzó a dar vueltas por el estrecho recinto, mientras ladraba con énfasis e intentaba mover el rabo que, de hecho, no tenía.

Entonces ordenó "Ahora como gusano.", y de él salieron infinidad de patas que movía correctamente, como si no le costara, como si siempre hubiera sido ese insecto que ahora trepaba por las paredes silenciosamente. A pesar de la gran cantidad de extremidades su andar era muy lento, por lo que apenas pudo caminar un corto trecho antes de recibir una nueva orden: "Usted es un mono.", y al instante se tomó de la lámpara del techo con la cola y comenzó a balancearse desenfrenadamente y a gritar asustado, ya que no se encontraba en la selva, el lugar al que pertenecía. Recordaba las copas de los árboles, dónde habitualmente residía, y sentía cierta añoranza por los tiempos pasados. Deseaba volver a alimentarse de raíces e insectos, pero en ese momento escuchó: "Ahora es un pez.", y cayó al suelo y empezó a sentir la asfixia por estar fuera del agua; saltaba de un lado a otro, golpeándose, intentando llegar a la orilla, al agua, al único lugar donde podría respirar, su única salvación.

"Desde este momento es lo que siempre deseó ser, Vd.", exclamó la voz, cansada del juego.
Entonces ocurrió algo inesperado: él se encontró en un ataúd, días después de su muerte, ya que nadie lo recordaba y fue encontrado por error, o más bien por casualidad, al revolver entre los desechos, para luego anunciar su deceso a quien le interesara (nadie) y dejarlo en un féretro para ser comido por los gusanos, todo esto porque había vuelto a ser olvidado y nadie se ocupó de enterrarlo. Pero eso no le importaba, porque ya estaba muerto.

Finalizado el juego se escuchó la orden "Despierte.", y volvió a su fría realidad, a pesar de sus lamentos.

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